Presentando a los guerreros (III): misiles de largo alcance (células B)

Una de las armas más fascinantes con las que cuenta nuestro ejército interior son los misiles de largo alcance, más conocidos como anticuerpos. Seguro que muchos de vosotros ya habéis oído hablar de ellos pero, ¿sabéis de donde vienen? ¿qué guerreros tienen la habilidad de producirlos? ¿para qué se usan? Una vez más, te pido que me acompañes a una nueva entrada sobre uno de los guerreros más fascinantes del sistema inmunitario: ¡Hola soldados B!

Poniendo orden desde el principio: selección positiva y negativa

Los guerreros B reciben su nombre por el lugar en el que fueron descubiertos, que en este caso se trata de la Bolsa de Fabricio, un órgano que solo está presente en las aves y que es el equivalente a nuestra médula ósea (la incubadora). Como introdujimos en una entrada anterior, la incubadora estaba llena de madre de guerreros que daban lugar a todos y cada uno de los soldados que formarían parte del ejército futuro.

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“Hazme una foto así, como si no pareciera que me estoy dividiendo para dar lugar a todos los guerreros del ejército”. Foto de la médula ósea, o incubadora, en el interior de nuestros huesos. Fuente

Estos soldados B nacen en la incubadora y, a diferencia de los guerreros T que tenían que migrar hasta otro órgano más lejano, reciben su entrenamiento allí mismo. Practico, ¿verdad? Si bien no tienen que “moverse” demasiado al comienzo, las pruebas por las que tienen que pasar son exactamente las mismas que las que tenían que hacer frente su contrapartida T.

Por un lado, los nuevos reclutas deben ser capaces de producir un receptor de célula B funcional. Se trata de un proceso muy importante, ya que algunos no saben “hacer la O con un canuto” y estos, por suerte para nosotros, son instantáneamente reconocidos por los instructores y les dicen: “Bueno, hasta aquí has llegado, ¡hora de matarte”. Todos los demás reciben el diploma de la selección positiva y pasan a la siguiente fase.

Al igual que ocurría con los guerreros T, la siguiente prueba es mucho más dura y supone una verdadera sangría de reclutas. Se trata de la selección negativa. En este caso, los instructores determinan si los receptores formados por los reclutas son capaces de reconocer algo de nuestro organismo. Si esto ocurre, son automáticamente eliminados y no se les permite salir fuera de la médula ósea: la selección negativa ha comenzado. Esta prueba es de vital importancia para que no desarrollemos ninguna enfermedad autoinmune en el futuro. Imaginaos que un recluta, que reconoce una porción de nuestro organismo, recibe de forma inadecuada este segundo diploma. Cuando abandone la incubadora, empiece a patrullar el organismo en busca de amenazas y encuentre esa porción…¡BUM! Dará la voz de alarma se pondrá manos a la obra para eliminar lo antes posible ese “extraño” (que no lo es tanto): es el comienzo de una patología autoinmune.

Los últimos pasos: fábricas de destrucción plasmáticas y generales de memoria

Una vez que un soldado B ha completado correctamente su instrucción, tiene que decir adiós al lugar que lo vio nacer y entrenarse y comenzar un largo recorrido por todo el organismo. Uno de los sitios más interesantes para vivir son los ganglios linfáticos, nuestros centros de inteligencia, donde podrán recibir información de guerreros T “espías” que también llevan a cabo allí su labor.

Cada soldado B que abandona la academia es capaz de reconocer una porción de un invasor. Cuando alguno de estos extraños entran en el organismo y se topan con el guerrero, los soldados B darán la voz de alarma a los guerreros T espías (linfocitos T helper) para pedirle ayuda y permitirles poder en marcha todo lo aprendido durante su formación. En este punto, los guerreros B comienzan a dividirse muy rápidamente dando lugar a dos guerreros muy importantes: las fábricas de destrucción plasmáticas y los generales de memoria.

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Las fábricas de destrucción plasmáticas lucen tal y como las vemos aquí teñidas en lila. Su tamaño es muy superior al resto de guerreros: ¡¡necesitan espacio para producir misiles!! Fuente

Las fábricas de destrucción plasmáticas son guerreros B “bien rechonchos” que tienen la capacidad de liberar anticuerpos, nuestros misiles teledirigidos que comentábamos al principio. Como estas células plasmáticas vienen de un guerrero B que ha reconocido a un invasor determinado, los anticuerpos que producirán estarán única y exclusivamente dedicados a reconocer a ese invasor. Generalmente, las fábricas de destrucción plasmáticas abandonan los centros de inteligencia para volver a su lugar de nacimiento, donde recibirán todos los cuidados necesarios para mantenerse durante una temporada y seguir liberando misiles teledirigidos que nos protegerán frente a futuras amenazas.

Unos pocos guerreros B que han reconocido a los invasores también recibirán una medalla especial que les otorgará el rango de generales de memoria. Estas células son muy importantes también para nuestra salud. A diferencia de las células plasmáticas, que podrían no ser para toda la vida, los generales de memoria duran mucho, pero muuucho tiempo. Esto permite que estén circulando por la sangre y, en caso de que aparezca el mismo invasor, sea reconocido instantáneamente dando lugar al ciclo descrito más arriba: ¡¡Chupaos esa, invasores!!

Los misiles teledirigidos: el arma de larga distancia más eficiente

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Aunque se trate de una recreación en 3D, los anticuerpos, o misiles, son muy parecidos a lo que aquí se ha dibujado. Fascinante, ¿verdad? Fuente

Los anticuerpos producidos por las fábricas de destrucción plasmáticas son un tipo de arma muy potente. En algunas ocasiones, que no suelen ser la mayoría, estos misiles son capaces de destruir de forma indirecta a los invasores. Por ejemplo, imaginemos que una bacteria, que le encanta comer el hierro producido por nuestros órganos, decide comprarse un billete de ida a nuestro organismo. Una vez dentro, con suerte, alguno de los guerreros B habrá sido entrenado para reconocer la “boca” de la bacteria que usa para comerse ese hierro. En ese momento, empezará a dar lugar a fábricas de destrucción plasmática que liberará millones y millones de misiles cuyo destino es esa “boca” en particular. ¿Qué le ocurrirá a la invasora entonces? Pues que sus planes de “all-inclusive” se verán completamente destruidos al no ser capaces de comer todo lo que quería. “¡Bye, bye, enemiga!”

Sin embargo, en la mayoría de veces, los misiles no son realmente capaces de destruir a sus invasores, sino que más bien los marcan y sirven como una señal de alarma muy, muy potente que atrae a otros guerreros, como los macrófagos, que ahora podrán comerse a los intrusos de una manera más eficiente.

Huston, tenemos un problema: cáncer de guerreros plasmáticos

Cuando se originan las fábricas de destrucción plasmáticas, éstas deben de tener en mente que, en un momento u otro, deberán dejar de producir misiles teledirigidos y morir cuando así se lo indicen sus superiores. Se trata de disciplina básica, muy importante entre nuestros guerreros si queremos que las cosas vayan bien. Como en cualquier lugar, siempre existen “rebeldes” que se rebelan contra la autoridad y deciden hacer caso omiso de las señales que les mandan los de arriba, cuyas razones, por desgracia, no se conocen hasta el momento.

Si los que se rebelan son guerreros plasmáticos, éstos serán capaces de permanecer para siempre en nuestro organismo y dividirse descontroladamente. Se trata de un problema importante, ya que habrá muchísimos guerreros produciendo un misil determinado que inundará por completo nuestra sangre haciendo que haya menos espacio para otros misiles. Es más, el número descontrolado de guerreros rebeldes copará cada vez más espacio en la incubadora, haciendo que las madres y demás trabajadores del ejército no funcionen adecuadamente. Es el comienzo del mieloma múltiple.

 

Como siempre me gusta terminar, conocer cómo funcionan estos guerreros es de vital importancia para tratar de encontrar soluciones a enfermedades provocadas por la rebeldía de estas células. Hoy he hablado muy brevemente sobre el mieloma múltiple, aprovechando que mañana se celebra el Día Mundial del Mieloma Múltiple. Sin embargo, existen muchísimas otras enfermedades que también están provocada por algún error durante el proceso de nacimiento y entrenamiento de estos increíbles soldados B. Sólo conocer todos y cada uno de sus secretos a través de la investigación nos permitirá obtener resultados que podrán tener un impacto decisivo en la salud de la humanidad.

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Cuando ser demasiado limpio es malo: ¡Alergias a la vista! (II)

La primera entrada sobre alergia que publicamos la dejamos con unas preguntas muy interesantes: “¿por qué yo soy alérgico y tú no?” “¿pueden las mascotas protegernos frente a las alergias?” “Inmunoterapia frente a la alergia…¿mito o realidad?”. Para darle respuesta a todas ellas contacté con José Luis Subiza, fundador y actual presidente de Inmunotek, una compañía farmaceútica con sede en Madrid encargada de producir productos destinados al tratamientos de las alergias. ¡Comenzamos!

La pregunta del millón: ¿por qué algunas personas son alérgicas y otras no?

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La herencia que nos dejan nuestros padres contribuye a que desarrollemos una alergía, pero no lo es todo. Fuente

RES: El pilar básico para desarrollar una alergia es que el sistema inmunitario monta una respuesta exagerada frente a un alérgeno. Esto puede deberse a la suma de diversos componentes, como por ejemplo la herencia que hayamos adquirido de nuestro padre y nuestra madre (factores genéticos), el grado de exposición a los alérgenos,  lo resistente que sean nuestras mucosas, esto es, las barreras que separan el mundo exterior del interior, como por ejemplo la del interior de la nariz, bronquios o los intestinos, e incluso el tipo de microorganismos que habiten en nuestro interior. Aparte de todo esto, la persona puede ser alérgica pero no desarrollar ningún síntoma, simple y llanamente porque el alérgeno no se encuentra en el lugar en el que vive, por ejemplo fuera de la época de pólenes, si se es alérgico al polen.

Si la herencia que nos deja nuestra madre y nuestro padre pueden afectar al desarrollo de las alergias…¿esto quiere decir que son hereditarias?

RES: si y no. Las alergias aparecen muy frecuentemente en familias, por lo que si ambos padres son alérgicos no es de extrañar que sus hijos también lo sean al haber heredado un sistema inmunitario que reacciona de forma exagerada frente a los alérgenos. Como decíamos más arriba, los factores genéticos podrían explicar el que unas personas desarrollen una alergia, pero no lo explican todo. Si no…¿por qué sigue aumentando el número de alérgicos año tras años? Esto quiere decir que, aún si tenemos más papeletas que otra persona a que nuestros guerreros monten una respuesta inadecuada, si no se juntan otros factores, como, la presencia del alérgeno y la falta de exposición a microorganismos beneficiosos, es posible que nunca suframos los molestos síntomas característicos de la patología.

Últimamente se han publicado varios estudios que demuestran que los niños que viven en granjas, o incluso si han estado en contacto con animales domésticos en sus casas, tienen menos probabilidades de ser alérgicos en el futuro. ¿Puede un exceso de higiene afectar al desarrollo de las alergias?

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Criarse en una granja podría ser un tratamiento para las alergias, ya que los niños criados en ella suelen tener ejércitos menos sensibles. Fuente

RES: el aumento de las alergias se ha venido observando en los últimos 50 años. Unas de las explicaciones que se le ha intentado dar a este fenómeno se relacionada con los cambios higiénicos en las sociedades industrializadas. Es lo que se conoce como hipótesis de la higiene. Sus defensores indican que crecer en entornos demasiado limpios haría que nuestros guerreros no pudieran entrenarse adecuadamente, lo que los haría más susceptible a reaccionar de forma más agresiva frente a amenazas “inofensivas”, como son los alérgenos. Esta hipótesis podría explicar por qué los niños que se han criado en granjas, entornos mucho más “sucios” que las ciudades, desarrollen menos alergias en comparación con aquellos más cosmopolitas.

¿Y no podría ser la contaminación una explicación a este incremento de alergias en los niños “urbanitas”?

RES: sí. La contaminación de las ciudades es un potenciador o inductor de alergias. Como decía más arriba, lo resistente que sean nuestras mucosas va a determinar si los alérgenos entran en nuestro organismo o no. En este sentido, se ha visto que las partículas contaminantes podrían dañar esta barrera, haciendo que sean más permisivas y los alérgenos puedan entrar con mayor facilitad, haciendo que aparezca una respuesta alérgica. Determinados contaminantes facilitan la respuesta alérgica por otros mecanismos, y hacen que los alérgenos sean más agresivos.

En los últimos años se ha hablado muchísimo de la inmunoterapia, sobre todo para el tratamiento y manejo del cáncer. Sin embargo, ¿es posible también aplicarla para “curar” las alergias?

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La inmunoterapia no es solo cosa del cáncer, también se utiliza para tratar las alergias. Fuente

RES: la inmunoterapia consiste en manipular a nuestros guerreros para que actúen de una manera determinada o incluso dejen de hacer algo que resulta dañino para nosotros. En el caso de las alergias, la inmunoterapia se emplea desde hace más de 100 años aunque ha cobrado una gran relevancia en los últimos años con el uso de las llamadas vacunas antialérgicas. Esta terapia consiste en introducir dosis controladas del alérgeno en nuestro organismo para, en vez de provocar una respuesta anómala (como la que describíamos el otro día), entrenar a los guerreros y hacerlos tolerantes frente a ese invasor, impidiendo que aparezcan los síntomas aún incluso cuando estemos en contacto con el alérgeno. Uno de los principales problemas de este tipo de vacunas es el tiempo que se tarda en conseguir el objetivo: años. En este sentido, Inmunotek está desarrollando un nuevo concepto de vacuna “dirigida a células dendríticas” que intenta aumentar la dosis efectiva que captan las células encargadas de iniciar la respuesta a la vacuna. Con ello se acortaría el tiempo necesario para tolerizarnos.

Como podemos ver, aún queda mucho que descubrir para entender porqué nuestros guerreros se vuelen tan sensibles en algunas situaciones…sin embargo, es muy posible que en el futuro se descubran nuevas terapias para manipularlos y hacerles volver a la realidad y decirles: ¡¡dejad de atacar algo inofensivo!! haciendo que vivamos en un mundo sin alergias.

Gracias a Jose Luis por su tiempo respondiendo estas preguntas y por haber ayudado a llevar a cabo las actividades del Día de la Inmunología 2017 en nuestra página de Facebook.

¿Por qué algunas personas odian la primavera? ¡Alergias a la vista! (I)

“¡Por fin está aquí la primavera! El sol vuelve a brillar a todas horas en el cielo, se escucha el canto de los pájaros por todos lados, los parques recuperan su verde…¡achús! Snif, snif…¡todo sería mejor sin esta molesta alergia!”

“- ¿Quieres un poco de este pescado? ¡Está de muerte! – No gracias, soy alérgico…”

“- ¿Te apetece leche? – Creo que soy alérgico. – ¿Pero no eras intolerante? – ¿no es lo mismo?”

Para muchos de vosotros, estas hipotéticas situaciones os resultarán familiares. Para otros, seguro que os vendrán a la mente alguien que podría encajar perfectamente en ellas. Aprovechando que el día 29 de abril es el Día de la Inmunología, pónganse cómodos porque hoy vamos a hablar de una de las patologías más frecuentes a nivel mundial. Las alergias. ¡Empecemos!

Cuando nuestro ejército se vuelve más sensible de lo que debería

A estas alturas ya sabemos que cada uno de nosotros contamos con un ejército de células que nos protege frente a las más temibles invasiones exteriores e interiores. Para conseguir esto, nuestros guerreros deben centrarse únicamente en los malos de verdad y no darle mucha importancia a otras cosas que están de paso y que no suponen una amenaza para nosotros. Por ejemplo, el polen, algunos alimentos, algunos medicamentos…¿qué amenaza podrían suponer? Pues no parecen tan temibles como una bacteria enemiga o un virus peligroso como el del Ébola. Sin embargo, los guerreros de algunas personas si que los ven como una amenaza real y deciden que es hora de levantarse en armas: demos la bienvenida a las personas alérgicas.

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Los alérgenos pueden ser cualquier cosa que nos imaginemos. Solo hace falta un sistema inmunitario “sensible” y…voilá! Fuente

En realidad, la alergia es una reacción exagerada de nuestro sistema inmunitario a un compuesto que, de forma normal, no produciría ninguna respuesta. Es decir, que nuestro ejército se vuelve más sensible de lo que debería y reacciona frente a unos compuestos, los alérgenos, que podrían entrar y salir de nuestro organismo sin ningún problema. Actualmente se calcula que entre el 30 y el 40% de la población mundial tiene una alergia, es decir, ¡más de 2.000.000.000 de personas!

Anticuerpos por aquí, anticuerpos por allá…

Antes de comenzar con esta batalla, pongamos la mente en blanco y añadamos dos protagonistas principales: un alérgeno, que puede ser cualquier cosa que os imaginéis, en nuestro caso el polen, y una persona alérgica, pero que realmente no sabe aún que lo es.

Un día cualquiera, esta persona decide salir a la calle para dar un paseo aprovechando el buen tiempo. Todo va estupendamente: visita a sus amigos, toma unas cañas, se sienta en un banco a relajarse, respira polen, se siente bien y decide volver a casa. ¡Vaya! Ha respirado polen y hemos dicho que se siente bien…¿en serio?

La primera vez que nuestra persona misteriosa respira polen, este entrará sigilosamente en su organismo y será captado por las células dendríticas, las cuales harán su trabajo e irán a los centros de inteligencia para enseñarle trozos del mismo a los guerreros T. Éstos recibirán las órdenes y se convertirán en un grupo de reclutas que producirán unos componentes necesarios para despertar a las células B y decirles: “¡hey vosotras, a convertiros en fábricas de destrucción plasmáticas para atacar al polen!”. Como en todo ejército, la orden es la ley, por lo que estas fábricas de destrucción plasmáticas comenzarán a producir armas de destrucción de larga distancia específicas frente al polen, los anticuerpos, que en el caso de las alergias tienen nombre y apellido: anticuerpos IgE.

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Los mastocitos “coleccionan” anticuerpos de tipo IgE y los dejan en su superficien. ¡Fase de sensibilización completada! Fuente: propia

Normalmente estos misiles de largo alcance reconocen invasores enemigos y los preparan para su destrucción. Sin embargo, estos en particular circulan por nuestro organismo y se unen a otros guerreros que parecen coleccionarlos: los mastocitos. Cuando esto ocurre, los mastocitos quedan más contentos que unas pascuas sensibilizados con anticuerpos IgE. E igual de feliz queda nuestra persona misteriosa al respirar por primera vez el polen.

Darse otro paseo o no…esa es la cuestión

Con la llegada de la primavera, el nivel de polen que hay en el ambiente aumenta considerablemente. Pero como aún no sabe nada, nuestra persona decide salir a darse de nuevo un paseo aprovechando la llegada del buen tiempo. A los pocos minutos de salir, empieza a estornudar, pero no le da mayor importancia. Unos momentos más tarde comienzan a llorarle y picarle los ojos, a tener la nariz congestionada…¡tachán! La alergia ha mostrado su verdadera cara.

Pero echemos un vistazo a nuestro ejército de células. ¿Os acordáis de estos felices mastocitos recubiertos de IgE específica del polen? Cuando el polen entra por segunda vez en nuestro organismo, se unirá a estos anticuerpos y funcionarán como una señal para ellos: “¡Hey mastos, hora de liberar vuestro contenido!” Dicho…¡y hecho!

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Todo muy bien hasta que nos encontramos de nuevo con el alérgeno…¡histamina por doquier! Fuente: propia

Los mastocitos tienen una gran cantidad de moléculas en su interior, entre la que tenemos que destacar la histamina, la verdadera mala de hoy. Cuando reciben la señal de liberar su contenido, estos componentes empezarán a actuar en nuestro organismo y comenzarán a producirse los síntomas de la alergia. Se trata de un proceso muy muy rápido, como veíamos más arriba, que ocurre en minutos. Estamos en la segunda fase: la respuesta alérgica.

El “alercombo”: tener alergia a algo y llevarte otra de regalo

Las alergias pueden estar provocadas por muchos tipos: alimentos (como el pescado, los cacahuetes, los kiwis), medicamentos, polvo y piel de animales, picaduras de algunos insectos o incluso compuestos como el látex. En cada uno de estos casos habrá un alérgeno con una forma determinada y que será el responsable de poner en alerta a nuestros guerreros. En algunas ocasiones, los alérgenos se parecen mucho entre sí y nuestro sistema inmunitario cree que se trata de la misma amenaza, por lo que monta una respuesta alérgica frente a ellos. Se trata del alercombo, más bien conocida como alergia cruzada. 

Esta es la razón por la que las personas alérgicas a un pescado en particular no pueden ingerir otros pescados similares, mientras que nada ocurre si comen marisco. O más curioso aún, algunas personas alérgicas frente al látex no pueden ingerir algunas frutas como bananas o kiwis.

¡Que no eres alérgico! Entonces…¿es una irritación? ¿soy intolerante? ¡Que lío!

Las respuestas alérgica requieren de varios protagonistas: un alérgeno, nuestro ejército de células, misiles teledirigidos de tipo IgE y componentes como la histamina. Además, aunque el alérgeno entre por nuestra boca, los síntomas pueden involucrar a todo el organismo.

En otras ocasiones, es posible que entremos en contacto con otros componentes como fragancias, aditivos presentes en los jabones o champúes…y puede que observemos como a los pocos segundos nos empiezan a salir unas manchas rojizas…¿se trata también de una alergia? La respuesta es no, ya que en este caso nuestro sistema inmunitario no estará involucrado y, además, los síntomas estarán localizados en la zona de aplicación, por lo que no debemos preocuparnos de que ocurran cosas más graves, como puede ser el caso de las alergias.

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La intolerancia a la lactosa no es una alergia, por más que nos pueda hinchar… Fuente

¿Y qué pasa con la intolerencia? ¡Pues tampoco es un tipo de alergia! Por ejemplo, si tomamos leche y nos sentimos hinchados y con muchos gases. ¿Creéis que esas células felices, como son los mastocitos, son las responsables? En efecto, no, ya que en esta ocasión el problema radica en que no somos capaces de procesar la leche en nuestro organismo, lo que provocará la aparición de los síntomas descritos más arriba, típicos de las intolerencias.

¿Por qué yo? ¿Que tratamientos existen? ¿Has dicho inmnoterapia?

Ahora que ya sabemos que el ejército de algunas personas es más sensible de lo habitual, en la siguiente entrada le daremos respuesta a preguntas como: ¿por qué yo y no tú? ¿existe inmunoterapia frente a la alergia? ¿por qué si vivo en una granja no tengo alergia…pero si me mudo a la ciudad si?

¡Hasta la próxima!

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 P.D: Tras hacerse las pruebas correspondiente, nuestra persona misteriosa descubre que es también alérgica…¡al moho! Tened en cuenta este dato si queréis participar en el sorteo que celebraremos en nuestra página de Facebook el viernes 28 de abril…¡hasta entonces! Si, el moho es uno de los dos alérgenos del concurso :).

Presentando a nuestro ejército: ¿qué es el sistema inmunitario?

Después de haber presentado a algunos de nuestros guerreros en las entradas de guerreros T y células dendríticas , y antes de seguir con otros de nuestros luchadores, como los guerreros B y las fábricas de destrucción plasmáticas, entre otros, decidí que era mejor hacer una pequeña pausa para hablar de nuestro ejército en sí mismo. Es decir, ¿qué es el sistema inmunitario y porqué es tan, tan, taaaaan importante?

El sistema inmunitario es la línea de defensa frente a las agresiones internas (como las células tumorales) y externas (bacterias, virus, hongos…¡lo que se os ocurra!). Para que todo resulte más fácil y divertido, lo mejor es que cerremos los ojos por un momento y nos imaginemos un enorme complejo en el que vamos a meter a un ejército de células y ciertos edificios que contribuirán a su generación y entrenamiento, entre otros. ¿Listos?

Lo primero de todo: los bandos

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Si tuvieran rostro, los guerreros del sistema innato lucirían así de agresivo. Fuente

Antes de comenzar a darle forma a los edificios y cara a los guerreros, tenemos que hablar de los dos grandes bandos en los que se divide nuestro ejército. Mientras que por un lado tenemos a unos guerreros muy rápidos y muy brutos, por otro encontramos a los que son más lentos pero más selectivos, evitando el daño al propio organismo que generan los primeros. Esto es lo que se conoce como sistema inmunitario innato (rápidos, brutos) y sistema inmunitario adaptativo (lentos, selectivos).

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Los guerreros del sistema adaptativo son más ninja style, esperando el momento adecuado para el golpe certero. Fuente

Aunque la esperanza y calidad de vida se ven reducidas drásticamente, es posible malvivir sin el sistema inmunitario adaptativo. Sin embargo, el sistema inmunitario innato es imprescindible, por lo que no debería sorprendernos que existan animales que solo cuenten con este último como línea de defensa.

Los edificios: la incubadora, las academias y los centros de inteligencia.

El primer paso para formar un ejército es crear reclutas que estén dispuestos a combatir. Este proceso tiene lugar en la llamada incubadora, más bien conocida como médula ósea. Igual no os sorprende, pero este edificio está en el interior de nuestros huesos (si, si, no están huecos...) y está poblado por un tipo de célula que da lugar a todos los guerreros que formarán parte de nuestro ejército: las células madre hematopoyéticas. Cada día estas células se están dividiendo y dando lugar a millones de otras hijas que terminarán por originar todos los luchadores que harán frente a los enemigos. Algunos de ellos ya los conocemos, como los guerreros T o los conectores células dendríticas.

Las incubadoras son realmente centros donde se generan reclutas, pero la mayoría de ellos las abandonan siendo bastante “inocentes” y deben marcharse a sus academias correspondientes para iniciar un duro entrenamiento. No nos debemos sorprender si os hablamos aquí del timo, un pequeño órgano situado a la altura de nuestro corazón y que permite que las “inocentes células T” se conviertan en guerreros T.

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Centros de inteligencia (nódulos linfáticos): siempre esperando a los conectores… Fuente

Como hablábamos más arriba, las invasiones son inicialmente controladas por los guerreros del bando rápido y agresivo, el sistema innato. Sin embargo, esto no es suficiente para acabar con la amenaza, sino que se requiere la presencia de los otros guerreros para darle el toque final a los enemigos y decirles: ¡Sayonara, baby! A pesar de ser tan buenos, los luchadores del sistema adaptativo necesitan un reporte de la batalla antes de ir allí, ya que “ir pa’llá pa’ná, es tontería”. Estos reportes de batallas deben ser entregados, por lo tanto, por alguien que haya estado presente en la batalla, es decir, de un guerrero del sistema innato. Y, ¿quien es este guerrero misterioso? Tachán, tachán…¡exacto! Los conectores células dendríticas, los que unen los dos mundos. La pregunta clave es, ¿dónde tiene lugar esto? Pues como nos falta por introducir uno de los nombres del título, igual lo habéis averiguado: los centro de inteligencia, también conocidos como ganglios o nódulos linfáticos.

Una de las cosas más llamativas de estos centros es que todos vosotros podéis palparlos, especialmente en la zona del cuello, ya que muchas veces sobresalen un poco y es posible que notemos una bolita que se mueve al tocarla. Cuando ocurren infecciones, los centros de inteligencia se agrandan considerablemente, debido a la actividad que se produce tras recibir el reporte, por lo que en estos casos es normal que los ganglios se vean agrandados, duelan cuando los toquemos e incluso estén algo calientes. (SPOILER: cuando los centros de inteligencia son muy grandes, duros y no se mueven, lo ideal es acudir al médico para que vean qué está pasando ahí realmente)

Las trincheras

Para evitar la entrada de enemigos, nuestro ejército cuenta con colaboradores asociados que funcionan como primerísima línea de defensa frente a invasores (las barreras mucosas). Uno de los ejemplos más claro es la piel, que recubre todo nuestro organismo e impide que todas las bacterias, virus y demás personajes de ahí fuera decidan pasar las vacaciones en nuestro interior. Otros ejemplos de estos colaboradores los encontramos también a lo largo de nuestro intestino o incluso en las vías aéreas.

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La piel es un ejemplo claro de colaborador-barrera de nuestro ejército. Y, por supuesto, contiene trincheras. Fuente

A pesar de todo, los colaboradores están rodeados de distintos guerreros de nuestro sistema inmunitario, ya que al parecer no se fían mucho de ellos. Además, se necesitan conectores que permitan posteriormente dar la señal de alarma en los centros de inteligencia si algo se va de madre. Por lo tanto, todos los colaboradores cuentan con “trincheras”, lugares donde los guerreros se acomodan y permiten inspeccionar lo que le rodea para confirmar que todo funciona como debería. Estas trincheras son realmente el primer frente con el que se toparán los enemigos o turistas desprevenidos y suele estar mayormente compuesto por los guerreros del bando rápido y bruto.

Los generales de memoria: la ventaja de ser humanos

Como os podéis imaginar, es imposible que presente en esta entrada a todos los guerreros, por lo que cada uno de ellos recibirá su entrada correspondiente a su debido tiempo. Sin embargo, para terminar de darle forma a ese complejo que todos tenéis que tener formado en vuestra mente, no podía olvidarme de los generales de memoria, y que realmente han sido una enorme ventaja para todos aquellos animales que han desarrollado un sistema adaptativo, entre los que nos incluimos, obviamente, los mendas.

La mayoría de guerreros que se activan en los centros de inteligencia tras la entrega del reporte, suelen abandonar ese lugar  cuando la infección ha terminado. Sin embargo, algunos de ellos toman el liderazgo y son ascendidos al rango de generales de memoria, por lo que son capaces de vivir durante mucho, muchísimo tiempo en nuestro organismo. Esto permite que generemos lo que se conoce como memoria inmunológica que, dicho sea de paso, constituye uno de los principios de la vacunación. Los generales de memoria son mucho más rápidos y eficientes que su contrapartida normal, por lo que la siguiente vez que nos topemos con ese invasor en particular, estarán preparados y prácticamente ni nos enteraremos de que hemos intentado ser atacados…allí estarán ellos para hacerlo todo.

Como veis, el sistema inmunitario lo es todo para nuestra defensa, por lo que debemos mimarlo siempre que podamos llevando una dieta sana y equilibrada, realizando ejercicio, disminuyendo nuestros niveles de estrés y controlando los niveles de sueño, todas estas cosas bien sabidas por contribuir a alterar la capacidad de respuesta frente a los invasores.

Espero que todos hayáis podido crearos vuestro complejo personal de edificios, células y trincheras y podáis acudir a él siempre que escuchéis la palabra “inmunología”. ¡Ésta puede llegar a ser realmente emocionante!

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“¡No pasarán!” Fuente

“Sayonara, cáncer” – Superguerreros T contra los tumores

En el primer capítulo de la serie “Presentando a los guerreros”, hablamos sobre los reclutas del bando de refuerzo (conocidos entre amigos como “CD4”) y los que, tras su graduación, pasaban directamente al bando rápido de ataque (y que entre ellos se llamaban “CD8”). Sea cual sea su destino, ambos tienen en común formar parte del comando mayor: las células – o linfocitos – T. ¿Pero…por qué hemos vuelto a ellos? Pues simplemente porque hoy necesitábamos hablaros de sus “super”-semejantes , aquellos que han sido manipulados fuera del cuerpo para conseguir acabar con uno de los enemigos más difíciles de nuestro tiempo: el cáncer.

La inmunoterapia o la lucha interna de nuestro ejército interior contra el cáncer

Estoy seguro de que a todos vosotros os ha venido a la mente dos de las terapias más usadas para su lucha, la quimioterapia y la radioterapia, pero, ¿a cuántos de vosotros se os ha venido también a la mente la tercera? ¿La más novedosa? ¡Exacto! Esa que tenéis en la punta de la lengua…¡la inmunoterapia!

Como su propio nombre indica, la inmunoterapia utiliza a nuestro ejército interior para intentar acabar con esas células que pierden el control y deciden multiplicarse a lo loco. Una de las diferencias principales sobre los tratamientos convencionales es su especificidad frente a los tumores, por lo que las células sanas no son atacadas y pueden volver a respirar tranquilas cuando ven que sus hermanas mutadas han sido eliminadas y su trabajo habitual vuelve a la normalidad.

Formando super-guerreros: las células T-CAR.

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Por si no os imaginabais como lucía un super-guerrero…aquí os dejamos un spoiler (menos mal que su agresividad está enfocada hacia los tumores…fiu)

A pesar de que existen distintos tipos de inmunoterapia, uno de los mas novedosos y el motivo de esta entrada mensual, se basa en el uso de células T manipuladas que las permiten convertirse en super-células T, también conocidas entre los investigadores como células T-CAR. Sus resultados son sorprendentes: en ensayos clínicos frente a un tipo de leucemia, más del 80% de las personas que recibieron en su ejército a estas super-guerreras entraron en remisión y sus tumores desaparecieron. Y la pregunta es…¿cómo es esto posible?

En este punto, te recomiendo encarecidamente que eches un vistazo al duro entrenamiento de un guerrero T en su timo-academia.

Las super-células T pueden reconocer directamente moléculas específicas de los tumores e iniciar una pelea sin piedad que terminará destruyéndolos. Para conseguir esto, los guerreros T normales deben ser primeros extraídos de los pacientes y re-entrenados en el exterior (en un laboratorio) para que puedan adquirir esta habilidad.

Con la ayuda de unos virus bastante majos (que ojo, no todos los virus son el enemigo), los guerreros T reciben un manual de instrucciones en el que se le indicará la manera de producir unos receptores (los “CAR”, de ahí su nombre) de última generación que les permitirán reconocer específicamente una porción de un tumor. Estos receptores se han ido mejorando durante los últimos años para hacer que las super-células T duren más, sean más agresivas, o no puedan ser manipuladas por los “susurros de la muerte” de los tumores. Una vez que estas super-células T han recibido las instrucciones y han comenzado a producir sus receptores, los médicos las recogen y se las inyectan a los pacientes. ¿Podéis imaginar que es lo que ocurre a continuación?

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Aunque parezca tan sencillo, encontrar las instrucciones que portan los virus “majos” no es tarea sencilla…

Inyectar estas excelente guerreras tiene una doble ventaja, y es algo que las diferencia de otros tipos de inmunoterapia que existen en la actualidad: pueden ser adoptadas por nuestro ejército inmunitario y vivir en el organismo durante mucho tiempo, hasta 10 años, por lo que se sabe actualmente. Son noticias excelentes, puesto que las convierten en una “terapia viva”, una suerte de guardianes sin descanso que estarán continuamente patrullando en busca de células listillas que quisieran volver a iniciar el tumor de nuevo.

Y os vamos a poner un ejemplo muy actual con el que estamos convencido de que esta terapia no se te olvidará fácilmente. La leucemia linfoblástica aguda de linfocitos B se caracteriza porque los guerreros de tipo B (de los que hablaré en el futuro), se dividen sin control y provocan que haya cada vez menos guerreros funcionales y, por tanto, que las invasiones no puedan controlarse. Una de las características de los guerreros B es que se identifican así mismo como “CD19”. Por lo tanto, no es de extrañar que uno de los primeros receptores que produjeron las super-células T fuera contra esta molécula de identidad.

Curando el cáncer con super-guerreros…¿realidad o ficción?

Cuando los pacientes con este tipo de leucemia reciben a estos guerreros mutantes, prácticamente todas sus células B son destruidas, tanto las buenas como las malas, permitiendo su remisión (y eventual curación) y logrando que su ejército vuelva a funcionar de forma normal. Hace unos días se dio a conocer el caso de dos bebés afectados con este tipo de cáncer de la sangre y que no respondían a los tratamientos habituales con quimioterapia. Tras decidirse que deberían recibir a estos guerreros manipulados, los bebés se encuentran, dos años después, en remisión completa de la enfermedad.

¿Increíble verdad? En la actualidad se están estudiando nuevas instrucciones que puedan ser entregadas a los guerreros T para convertirlos en super-guerreros contra una gran variedad de tumores. El único problema con el que se topan los investigadores es encontrar la molécula específica del enemigo, algo que no es nada fácil y que resulta aún más complicado en los tumores sólidos (como los de mama, colon, pulmón…), aunque existen muchos grupos distribuidos por el mundo que, quien sabe, podrían revolucionar el tratamiento contra el cáncer de manera drástica muy pronto.

¡Hasta el mes que viene!

Presentando a los guerreros (II): uniendo dos mundos (células dendríticas)

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Por unos cuantos votos…la casa célula dendrítica fue la escogida como la favorita entre nuestros seguidores. Original

Aunque por muy poco, la casa “células dendríticas” fue la ganadora entre todos los seguidores de nuestra página de Facebook. Por ello, y dado que la semana pasada conocimos a unos de los guerreros con más caras de nuestro ejército interior, no hemos querido dejar pasar esta nueva entrada para adentrarnos en la segunda presentación de unas células muy especiales, cuya función principal es la de unir dos mundos, en principio, muy diferentes entre sí. ¡Empecemos!

Nuestro ejército interior: unos rápidos y brutos, y otros lentos pero muy selectivos…

Todas las células que quieran formar parte de nuestro ejército tendrán que decidirse, en primer lugar, por uno de los dos bandos que lo componen: el “rápido y bruto” (llamado sistema inmunitario innato) o el “lento y selectivo” (conocido como sistema inmunitario adaptativo, del que forman parte nuestros conocidos linfocitos T).

Cuando algún agente invasor decide plantarnos cara, los primeros que se lanzan al ataque son los guerreros rápidos y brutos, cuya misión principal será la de comérselos a todos para evitar que se propaguen más allá de donde entraron. Esto permite que los otros protagonistas, los guerreros lentos pero selectivos, puedan preparase para la amenaza específica. Sin embargo, y como ya vimos en nuestro post anterior, alguien tiene que enlazar ambas respuestas, porque estos últimos guerreros no se enteran tan fácilmente de la amenaza como los primeros, siempre ellos tan dispuestos a la guerra, sino que necesitan que alguien les digan que algo malo está pasando…¿y quienes son estos intermediarios? Pues, en efecto, nuestras células dendríticas.

Las células dendríticas: tendiendo puentes

Las células dendríticas son un tipo celular muy curioso. Su lugar de nacimiento es también la médula ósea, la cual dejan atrás pasado muy poco tiempo en un formato inmaduro para patrullar nuestro organismo. Existen muchísimos tipos de células dendríticas en nuestro organismo, y no vamos a tratarlos en este blog debido a su complejidad, así que nos vamos a quedar con que existen distintos tipos de guerreras que van a distintos tejidos del cuerpo para tantear el terreno y ser de las primeras que se enteran cuando algo raro está a punto de pasar. Como su nombre sugiere, estas células cuentan con unas proyecciones en forma de “dendritas” (como ocurre con las neuronas) que les permiten capturar distintos tipos de agentes patógenos, como si de una lengua de rana se tratara.

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Aunque no es una foto real, las células dendríticas se parecen mucho a esta imagen tridimensional (nosotros creemos que estaba posando…) Fuente

Vayámonos ahora a un lugar específico, como por ejemplo el intestino. Aquí encontramos a las células dendríticas del intestino (difícil nombre, ¿verdad?), las cuales lanzan sus dendritas a través del endotelio hacia el lumen, que es el lugar por donde toda la comida que ingerimos (y, por ende, los agentes patógenos que se quieren aprovechar de nosotros) pasa. Estas células están trabajando continuamente, capturando moléculas de todo tipo y, hasta que no se encuentran con una bacteria invasora, están muy tranquilamente haciendo correctamente su función.

Sin embargo, cuando un agente extraño entra en juego, la cosa cambia. Pongámonos que la bacteria “A” ha decidido que nuestro organismo es un lugar idóneo para pasar las vacaciones. Sin duda alguna, habrá muchas bacterias A, no una sola, por lo que las células dendríticas capturarán unas cuantas con sus dendritas y se las comerán. Una vez dentro de su cuerpo, las trocean en muchos pedazos distintos y se desplazan hasta los nódulos linfáticos, los lugares de entrenamiento de los guerreros lentos pero específicos, que están esperando alguna amenaza para ponerse manos a las obra.

Una vez allí, las células dendríticas exponen en sus manos presentadoras distintas porciones de la bacteria A, esperando a que algún linfocito T especializado en esa bacteria se encuentre en el nódulo y comience la lucha. Este proceso ya nos debe de sonar, ya que hemos hablado de el en múltiples ocasiones; es la conocida como presentación antigénica. 

Cuando algún linfocito T pasa por al lado, enseguida se da cuenta de que ha llegado su momento y comienza a duplicarse muchísimas veces. ¡La batalla ha comenzado! Como vemos, cuando estos linfocitos T lleguen al campo de batalla, se va a encontrar con qué allí ya están los guerreros rápidos y brutos, por lo que estos eficaces refuerzos van a suponer el golpe definitivo a esa bacteria A que se pensaba que nuestro organismo era un buen lugar de vacaciones.

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En los nódulos linfácitos, las células dendríticas (en azul) hablan con los linfocitos T (en amarillo) de una forma muy similar a la que vemos en esta foto…aunque el número de células que están en los nódulos es, sin duda, masivo, y no es tan sencillo dar con el guerrero adecuado. Fuente

 

Una vez que ocurre esto, las células dendríticas se sienten muy orgullosas por haber llevado a cabo su trabajo: han tendido un puente entre dos mundos bien distintos. Así que, tras la presentación de antígenos, o bien vuelven a su lugar de trabajo, o bien se quedan en los nódulos linfáticos durante un tiempo para seguir presentando antígenos a las células T que estén por allí, por si acaso la primera ronda no fuera suficiente para decirle adiós a la invasora…

¿Bueno o malo? ¡Que difícil decisión!

 

Hasta aquí todo parece muy sencillo para estas guerreras pero…¿es realmente todo “tan idílico? Y, como era de esperar, la respuesta es no.

Hemos dicho más arriba que las células dendríticas del intestino están continuamente capturando moléculas, y esto quiere decir que no solo están comiéndose a potenciales enemigos, sino que también están cogiendo trozos de alimentos que hemos ingerido…¿y por qué no deciden entonces montar una respuesta contra ellos? Y aquí entra un concepto muy importante y que constituye un pilar básico para el futuro tratamiento de algunas patologías, como por ejemplo el caso del ensayo clínico que se está llevando a cabo para ponerle freno a la esclerosis múltiple 

Ser tolerante…¡y tolerogénica!

Este concepto que mencionamos más arriba es una de las lecciones más difícil para una célula dendrítica y, sin duda alguna, es una de las cosas por las que igual no nos gustaría convertirnos en este tipo de guerrera si tuviéramos que decidirnos por algún papel en nuestro ejército…pero, ¿qué es esto exactamente?

Las células dendríticas pueden ser “inmaduras” o “maduras”, y esto depende mucho del ambiente en el que se encuentren. La principal diferencia entre ambas es su capacidad para comer moléculas; las primeras pueden hacerlo, mientras que las segundas no. Cuando una célula inmadura ingiere algún compuesto, pasa a ser una célula madura y, por tanto, ya no puede comer más, por lo que tendrá que tomar una terrible decisión: decidir si lo que se ha comido es “bueno” (por ejemplo de una bacteria buena de nuestro organismo, o simplemente un pedazo de alimento que hemos ingerido) o “malo” (y, por tanto, irse a los nódulos linfáticos para poner en alerta a las células T).

Cuando la decisión es que lo que tienen en su interior es algo bueno, entonces se inicia el proceso conocido como tolerancia, que impide que se genera una batalla y, por tanto, evitemos desarrollar alguna enfermedad autoinmunitaria. Las células dendríticas tolerogénicas principalmente hablan con un tipo de linfocito T llamado células T reguladoras (de las cuales también hablamos), aunque tienen también la capacidad de dar órdenes a otros tipos de linfocitos T más agresivos y decirles que “paren” y que “la amenaza ya ha pasado“.  El proceso de tolerancia es una decisión muy importante para una célula dendrítica, ya que cuando este falla, se pueden iniciar batallas frente a compuestos que no son nocivos para nosotros. Este podría ser el caso de algunas patologías como la esclerosis múltiple, la enfermedad de Crohn o incluso la enfermedad celíaca.

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En este ejemplo podemos ver como las células dendríticas (en naranja) no toman una decisión acertada y piensan que la mielina, un compuesto presente en las neuronas, es una amenaza y deciden que se ha de montar una respuesta. Es el comienzo de una enfermedad conocida como esclerosis múltiple.

Pero…¿cómo decide una célula dendrítica si algo es bueno o malo? ¡¡Pues es un tema muy interesante que requeriría que le diéramos protagonismo a nuestros invasores!! Sin embargo, no queremos que esta entrada sea demasiado larga, por lo que lo dejaremos para otra ocasión en el futuro.

Después de todo esto…¿seguís pensando que la casa célula dendrítica es la mejor?

 

Presentado a los guerreros (I): timo-academia, bando de refuerzo y bando de ataque rápido

Desde que hablamos de la presentación de antígenos, nos habíamos quedado con las ganas de hablar sobre uno de los guerreros con más caras de nuestro sistema inmunitario: los linfocitos -o células- T.

¿Qué son?

Los linfocitos T reciben su nombre por el órgano en el que maduran, el Timo. Sus primeros pasos, sin embargo, lo dan en la médula ósea, donde reciben un detector único (el TCR) y dos panfletos para que se informen sobre los dos bandos a los que podrán formar parte en el futuro: el bando de refuerzo (CD4) y el bando de ataque rápido (CD8). Lógicamente, a sus inicios, todas las células T están un poco perdidas con todo este lío: todas tienen su TCR pero ninguna tiene muy claro que papel querrán tener en nuestro ejército personal…por lo que tienen que irse a entrenar al timo.

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La timo-academia se sitúa muy cerca del corazón. Fuente

Entrando en la Timo-academia: las pruebas

La timo-academia es un lugar muy estricto en el que la mayoría de los linfocitos T serán invitados a “matarse” a través de un proceso llamado apoptosis, puesto que solo los guerreros más entrenados podrán pasar las dos pruebas principales que los oficiales del timo le ponen a lo reclutas: la selección positiva y la selección negativa.

Selección positiva: ¡adiós a los detectores defectuosos!

Los detectores que se entregan a los linfocitos T en la médula ósea pueden no ser demasiado buenos y sufrir errores de fábrica. Por lo tanto, es lógico pensar que la primera prueba será la de localizar a todos los portadores de estos detectores erróneos y comunicarles la noticia de que deben morir.

Como dijimos en nuestra entrada sobre vacunas, los linfocitos T solo trabajan si encuentran moléculas que están sostenidas en las manos presentadoras. La primera prueba consiste, por tanto, en situar diversos compuestos en manos presentadoras para ver qué detector se activa.

A medida que los reclutas van pasando por el túnel de detección, los detectores se van activando con más o menos fuerza, y todos son invitados a pasar a la siguiente fase. Por el contrario, cuando se detecta una señal negativa…el túnel comienza a pitar de forma descontrolada hasta que el recluta en cuestión es eliminado.

Selección negativa: lo peor está por llegar

Tras esta primera prueba, los linfocitos T se alegran por no haber recibido un detector defectuoso, pero ninguno de ellos sabe que estos detectores pueden reconocer “cosas malas” y “cosas buenas”. ¿Cómo qué? Por ejemplo, “cosas malas” serían amenazas reales: bacterias, virus, células tumorales, gusanos parásitos…; por otro lado “cosas buenas” serían células productoras de insulina, mielina que recubre las neuronas…

En este punto, los oficiales son realmente estrictos. Para ello, se crea un nuevo túnel de detección. En este caso, sin embargo, las moléculas que se ponen en las manos presentadoras son del propio organismo, por ejemplo, trozos de insulina. Los reclutas son invitados a entrar y se establece un límite de detección, entre 0 y 1. El 0 representa los detectores más débiles frente al trozo de insulina, mientras que el 1 indicaría que este detector es muy, muy potente. Si pudiéramos ver el centro de mando de un oficial en este prueba, tendríamos algo parecido a lo siguiente:

  • Recluta 1: límite de detección 0.21, APTO.
  • Recluta 2: límite de detección. 0, MUY APTO.
  • Recluta 3: límite de detección: 0.5 NO APTO ¡¡¡ALARMA ACTIVADA!!
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Si no se superan las pruebas, los reclutas son amablemente invitados a “matarse” a través del proceso de apoptosis, que vemos en esta foto. Fuente 

El recluta 3 es invitado muy amablemente a matarse y las pruebas siguen su curso. Pero, ¿por qué ocurre esto? Todos los linfocitos que porten un detector muy potente tienen la capacidad de reconocer moléculas de nuestro organismo como amenazas. Y esto es algo que podemos observar con mucha facilidad en las enfermedades autoinmunitarias, como el caso de la diabetes tipo 1, donde los linfocitos T creen que las células beta productoras de insulina son enemigos. Es, por tanto, muy importante, que estos reclutas sean eliminados lo antes posible.

El acto de graduación: hora de decidirse

Como habíamos dicho, el detector no es lo único que los linfocitos T reciben en la médula ósea, sino que también recibían un par de folletos en los que podían ver información sobre los dos bandos más importantes: el de refuerzo (CD4) y el de ataque rápido (CD8). Tras superar ambas pruebas, los reclutas deben decidirse sobre el bando al que les gustaría unirse. A pesar de ser una decisión muy importante en la vida de un linfocito, los oficiales siempre están metiendo prisa, puesto que la timo-academia es un lugar realmente ajetreado y que nunca descansa.

Todos aquellos que opten por formar parte del bando de refuerzo, recibirán una distinción CD4 y cuatro nuevos folletos que deberán llevar consigo hasta el momento en el comience una batalla: el folleto Th1, Th2, Th17 y Treg. Por su parte, todos los que se decidan por el bando de ataque rápido, se convertirán automáticamente en guerreros CD8+ y su entrenamiento habrá terminado.

La larga formación de un linfocito CD4+

Si bien tanto los linfocitos CD4+ como los CD8+ abandonan la timo-academia para entrar en el torrente sanguíneo, todos los que se decidieron por ser CD4+ tienen que seguir estudiando durante su transcurso sanguíneo para especializarse posteriormente en uno de los cuatro grupos de los que le hablaron. Esto es también un importante proceso, puesto que una vez que se decidan, no podrán volver atrás: tendrán la capacidad de fabricar unas armas específicas y adquirirán una función determinada.

Ser Th1, Th2, Th17 o Treg: esa es la cuestión

En cierto modo, la decisión de ser de uno u otro grupo no es tan voluntaria como podríamos pensar. Aquí entran en juego unas pequeñas moléculas llamadas citocinas, que realmente serían como los “susurradores” o “chivatos” del medio. En función del tipo de invasión que se produzca, el tipo de susurradores del medio será distinto. Esto condiciona muchísimo a las células CD4+, que intentan voluntariamente tomar una decisión pero, por desgracia, no pueden.

Así, a grandes rasgos, el ser de uno u otro grupo depende de las siguientes condiciones:

  • Ataque por bacterias: especialización en Th1
  • Ataque por gusanos: especialización en Th2. Las alergias, en este caso, también son un medio por el que los linfocitos CD4+ se especializan a Th2.
  • Ataque de las barreras mucosas: especialización en Th17. En este caso, muchas patologías autoinmunes también favorece la aparición de especializaciones Th17.
  • Exceso de ataque: Tregs.

Como vemos, los guerreros T son uno de los guerreros con más caras de nuestro ejército interior. Juegan un papel muy importante en nuestra defensa diaria y, como no podía ser de otra forma, también están involucrados en multitud de enfermedades, especialmente en el caso de las patologías autoinmunitarias.

Sin duda alguna, ser un linfocito T no es una tarea nada fácil. Sin embargo, conocer todos los aspectos de su nacimiento, entrenamiento y posterior especialización es un proceso muy importante para poder entender como funcionan muchas de las enfermedades que nos afectan. Por ejemplo, muchos tumores logran sobrevivir y evitar al sistema inmunitario porque generan susurradores a su alrededor que invitan a todos los linfocitos T CD4+ a convertirse en células Tregs, que se encargarán de mandar señales al resto de células para que paren de atacar a ese “inofensivo” tumor. Entender este proceso tiene una relevancia enorme, puesto que nos ha permitido desarrollar medicamentos que actúen frente a estos susurradores producidos por los tumores, evitando que puedan engañar vilmente a nuestro ejército.

Trasplante y la enfermedad injerto contra huésped: cuando tu organismo es el campo de batalla y tú eres el enemigo.

El título que hemos elegido para la entrada de hoy puede sonar más bélico de lo normal, pero no estamos exagerando. Hoy trataremos en nuestro blog dos fenómenos por el cual, por una vez, nos convertimos en los invasores de nuestros sistema inmunitario. Somos las bacterias o virus “malos” que entran y tienen que ser eliminados.

Como ya mencionamos una vez en nuestro artículo sobre vacunas, la presentación de antígeno es un proceso clave en nuestro sistema inmunitario. Esas manos presentadoras de las que hablamos, que en realidad se conocen como moléculas HLA, son únicas en cada persona. Es como el carné de identidad de nuestras células y, por tanto, cada uno de nosotros tenemos uno diferente. Sólo podría darse un caso en el que estas manos sean iguales: que contemos con un hermano gemelo. Y, siendo sinceros, no es algo que ocurra muy a menudo.

Algunas condiciones médicas, como determinados cánceres de la sangre o fallos en determinados órganos, requieren realizar un trasplante. Por lo tanto, introducimos a dos protagonistas en nuestra historia: el receptor (el paciente) y el donante (la persona sana).  Imaginemos que somos una célula de la piel del receptor, con nuestro carné de identidad (molécula HLA) en orden y estamos protegiendo al cuerpo de las agresiones externas. De repente, uno de nuestros linfocitos T pasa por nuestro lado y nos exige el documento. Muy tranquilamente se lo daremos, pasaremos la prueba y el linfocito T seguirá su camino.

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Como vemos en la imagen, los linfocitos T intentarán, por todos los medios, “desenmascarar” a los “órganos invasores”, por lo que las células trasplantadas no podrán inventarse ninguna excusa…Fuente

Vayamos ahora a otro escenario. Hemos sufrido una enfermedad en el riñón que nos ha obligado a recibir otro de otra persona. Seamos ahora una célula de este riñón nuevo, del donante, con nuestro carné de identidad particular, y que no está registrado en la base de datos de nuestro sistema inmunitario. De repente, viene un linfocito T, y nos exige la documentación. Muy tranquilamente se la enseñamos, pero no está conforme. Y se cabrea. Los linfocitos T no preguntan muchas veces, ya que tienen mucho trabajo por delante, por lo que acto seguido nos invita a iniciar nuestro proceso de muerte programada y, muy a nuestro pesar, tenemos que morir. Acaba de comenzar una respuesta de rechazo a un trasplante. 

Pongamos ahora otro caso, algo más grave. Hemos desarrollado una leucemia, lo que impide que se generen correctamente las células que circulan por nuestra sangre, incluyendo a nuestros guerreros del sistema inmunitario. Se nos plantea entonces la posibilidad de destruir nuestra médula ósea, lugar donde este proceso tiene lugar, y recibir otra de un donante. Y el trasplante tiene lugar. Pongámonos ahora en el papel de estas células donantes. Todas ellas cuentan con una base de datos en la que se encuentran todos los documentos de identidad del donante A. Pero ahora están en el receptor B. Y comienzan a patrullar. Van órgano por órgano, tejido por tejido, por todos los rincones del nuestro organismo. Allá donde pregunten, el carné de identidad que les van a mostrar no va a estar en su base de datos, por lo que se preguntan: “¿está a punto de estallar una guerra “corporal”? En este caso, estamos ante la aparición de una patología llamada enfermedad injerto contra huésped, esto es, los receptores se convierten en los temidos “invasores”, y el sistema inmunitario del donante va a intentar acabar con nosotros por todos los medios.

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En las leucemias, las células productoras de células sanguíneas “fallan” y no generan células normales que cumplan con sus funciones. Fuente

Como podemos suponer, cuanto mayor sea el grado de igualdad entre los carné de identidad de los donantes y los receptores, menor será la probabilidad de que se produzca una “guerra corporal”. El caso ideal es el que mencionábamos más arriba, en el que un receptor recibe un trasplante de su hermano gemelo: en ambos casos, los carnés de identidad son iguales, por lo que realmente no va a ocurrir nada.

Aunque no lo parezca, encontrar donantes y receptores compatibles para HLA es un proceso realmente complejo. Y esto es así porque cada uno de nosotros contamos con una combinación diferente y única, algo que, a pesar de que nos pueda parecer negativo, es beneficioso para la supervivencia de la especie.

La incansable lucha frente al VIH…¿encontraremos una cura?

Hoy en nuestra página de Facebook nos hacemos eco de una noticia relacionada con el tratamiento del VIH. Cuando hace unos años preguntamos por las calles de Madrid qué sabía la gente sobre Inmunología, una de las palabras más recurrentes fueron “VIH”, por lo que no queríamos dejar pasar esta oportunidad única para darle una entrada y hablar sobre qué es la infección por este virus, qué hace nuestro ejército interior frente al mismo y, como ya decimos en el título, porqué es tan difícil encontrar una cura definitiva.

El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) es el causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Desde la primera infección detectada en humanas, la enfermedad se ha convertido en una pandemia global que afecta sobretodo a los países africanos y que se ha cobrado la vida de más de 20 millones de personas. Por aquel entonces, el optimismo en torno a encontrar una vacuna pronto era muy alto pero, como todos sabemos, esto no fue posible.

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Los misiles teledirigidos, o anticuerpos, son las armas de largo alcance con las que cuenta nuestro ejército de células. Fuente

Cuando el virus entra en nuestro organismo, busca incansablemente a uno de nuestros guerreros más importantes: las células T CD4+, que son las encargadas de “ayudar” (de hecho, se llaman linfocitos “ayudadores”, o helper, en inglés) a otras muchas células y a montar la respuesta inmunitaria frente a los invasores. Es importante mencionar que el virus que entra es un“virus inicial” y será el que nuestro ejército intente destruir por todos los medios a través de las diversas posibilidades con las que cuenta. Entre una de estas respuestas encontramos la generación de los llamados anticuerpos, que siempre los llamamos “misiles teledirigidos”, producidos por las fabricantes especializadas células plasmáticas.

Estos misiles se unen a los virus iniciales e impiden que se unan a las células T CD4+, intentado evitar así la infección. Sin embargo, muchos de los virus iniciales ya han entrado previamente en las células y han comenzado su guerra particular, dividiéndose descontroladamente y generando nuevos “virus hijos“. Como ocurre en la vida vírica, cada vez que se producen hijos, la posibilidad de que porten mutaciones es muy alta, lo que hace que, en muchas ocasiones, hijos y padres ya no sean iguales. Por tanto, pasaríamos de un “virus inicial” a un “virus tipo 1”, “virus tipo 2″…etc.

Las personas infectadas con un virus inicial portan en su sangre muchos tipos distintos con el paso del tiempo. Esto provoca que los misiles teledirigidos creados por nuestro ejército ya no valgan y se tengan que generar otros…pero nunca es suficiente. El resultado final: destrucción de nuestras células ayudadores y desarrollo futuro de SIDA, que aumenta la probabilidad de infecciones, ciertos tumores…

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En rojo, partículas de VIH saliendo de celulas infectadas (en este caso células cultivadas). Seguro que muchas de estas partículas serán “virus hijos”, muy distintos a sus padres…Fuente

Algunas personas, llamadas aquí “superresistentes”, nunca se infectan por el VIH. Esto se debe, en parte, a que sus misiles teledirigidos son “de última generación” y reconocen muchísimos tipos del virus distintos. De esta forma, no entran en las células, y es como “si no hubiera pasado nada”. A pesar de que la introducción de la llamada terapia antirretroviral ha sido uno de los mayores éxitos en la historia del VIH, se trata de una terapia de por vida, costosa y que, además, no está exenta de efectos secundarios. ¿Por qué de por vida? Os podéis preguntar. Pues simple: a pesar de que las terapias evitan que los virus se dividan, existen muchos que “juegan al escondite” y se esconden en los llamados “reservorios”, que son zonas donde los virus están presentes, independientemente de las terapias utilizadas. Cuando se elimina el tratamiento, estos virus “se despiertan” y comienzan a proliferar.

Uno de los retos que tenemos ahora es, por lo tanto, desarrollar nuevos tratamientos que eviten el uso crónico de estas terapias pero que, además, arrojen los mismos beneficios. Algo que no es fácil.

Como hemos mencionado, el VIH inicial no es el único que se encuentra en el organismo tras la infección. Tenemos el tipo 1, el tipo 2, el tipo 3…etc. Esto ha sido uno de los problemas principales con los que los investigadores se han encontrado para el desarrollo de una vacuna que prevenga la infección. ¿Qué vacuna desarrollamos? ¿La que actúe contra el tipo 2 del paciente A? ¿O la del tipo 2 del paciente E?

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La inmunoterapia es una terapia en auge que promete revolucionar el tratamiento de muchas patologías, incluida la infección por el VIH. Fuente

En los últimos años, el desarrollo de la inmunoterapia, el tratamiento que utiliza a nuestro ejército interior para matar a todo tipo de amenazas, ha copado las noticias de muchos periódicos y, como era de esperar, supone también una nueva ventana para el tratamiento del VIH. El artículo del que hablábamos en el principio se basa en el fenómeno observado por estos “superresistentes”. Si ellos tienen unos misiles de última generación…¿porqué no descubrimos las instrucciones y los generamos en el laboratorio?

Parece una pregunta simple pero, en la práctica, no lo es. De hecho, el estudio ha permitido determinar que los individuos afectados por VIH, sin carga viral detectable tras el uso de las terapias, y que recibieron estos misiles, pueden estar sin tratamiento hasta 8 semanas. Posteriormente aparecen “virus hijos resistentes” a estos anticuerpos, y vuelta a empezar.

Si bien no son unas noticias magnífica, si que permite determinar que la inmunoterapia, y específicamente el desarrollo de misiles de última generación en el tratamiento de pacientes afectados, podría suponer una alternativa válida y libre de los efectos secundarios a las terapias actuales y que podría, igual en el futuro y en combinación con otros descubrimientos por venir, suponer la victoria de nuestro ejército frente al VIH y, por tanto, erradicarla del mundo.

 

 

Vacunas: prepararse para la batalla…antes de que comience.

Estamos muy cerca de erradicar otra enfermedad de la faz de la Tierra gracias a las vacunas, la polio que, junto con la viruela, era una de las enfermedades infecciosas más temidas en el pasado (y no hablamos de la Edad Media, sino en la misma década de los 90). Aprovechando este artículo de opinión en el que tratan este hito histórico, se nos ha ocurrido que lo mejor para la entrada de cada lunes es hablar de las vacunas.

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Tal y como nos mostraba “Erase un vez el cuerpo humano”, nuestras células guerreras están patrullando continuamente el organismo.

Como el título nos dice, las vacunas nos permiten prepararnos para la batalla, antes de que de comienzo. ¿Qué quiere decir esto? Nuestro sistema inmunitario está continuamente patrullando cada rincón del organismo, las 24 horas del día y los 365 días del año (salvo que ocurran cosas raras). Cuando un invasor decide declararnos la guerra, entonces todas las células guerreras empiezan a ponerse manos a la obra y empiezan a llevar a cabo todos los entrenamientos que aprendieron durante su infancia. De esta forma, tras unos días, el invasor quedará neutralizado y podremos recuperar nuestra rutina diaria. O, al menos, esto es lo que pasa en una gran mayoría de personas, pero no en todas. En algunas ocasiones, el ejército invasor es más potente que nuestras defensas y, desgraciadamente, comenzamos a desarrollar síntomas de enfermedad que, en ocasiones, pueden acabar un poco mal.

Estos invasores, que pueden ser virus, bacterias o incluso gusanos muy pequeños, tienen una desventaja: podemos crear un “simulacro” de guerra en nuestro organismo, como si estos invasores estuvieran atacándonos, para que nuestras guerreras se formen y, en un caso real, no pierdan el tiempo en otros menesteres y neutralicen rápidamente la infección.

¿Sabéis cómo desarrollamos ese simulacro? Efectivamente, con las vacunas.

Las vacunas-simulacro se llaman profilácticas, porque previenen la enfermedad. En realidad son esos propios invasores que nos atacarán, o pedazos de ellos, que los introducimos en nuestro organismo para que se genere una respuesta adecuada, minimizando los riesgos futuros cuando se produzca la verdadera amenaza. Existen muchos tipos distintos de vacunas-simulacro con las que nos podemos topar, pero hablaremos principalmente de dos:

  • Los atacantes “completos”, pero “atontados”. Y citamos por ejemplo el virus de la polio, del que hablamos al comienzo. Son los virus causantes de la enfermedad pero que han sido tratados para que no supongan una amenaza; de esta forma generamos una respuesta adecuada pero no sufrimos los síntomas.
  • Pedazos de atacantes. En esta ocasión, en vez de usar una versión “atontada” de los invasores, lo que se utilizan son pedazos de los mismos. Esto hace que nuestras células guerreras vean estos cachos “circulando por ahí” y monten una respuesta inmunitaria. Cuando el virus real entra, portando estos pedazos, las células guerreras sabrán perfectamente de qué va la cosa y les dirán: “¡Hey, que os conocemos!”, y adiós infección.

Montar un simulacro es algo muy efectivo y que no supone muchos riesgos para nosotros. Es más, tenemos que decir que es realmente bueno, porque estamos previniendo futuras complicaciones en el caso de muchas personas que, de manera normal, no hubieran “pasado con éxito” la amenaza.

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La presentación de antígeno es un proceso “casi sagrado”, por el que una célula dendrítica le dice a una célula T:¡¡que vienen, que viene!! Fuente: Pedromics

Pero…¿cómo funciona una vacuna? Bueno, pues no parece un tema demasiado complejo. En condiciones normales, un invasor es comido por una célula dendrítica, que lo rompe en mil pedazos y los “cuelga” en su superficie en la que nosotros llamamos mano presentadora. Este proceso se llama presentación de antígenos y permite que las células T, que estaban por ahí circulando, empiecen a montar la batalla, por ejemplo, atacando directamente a los virus o bien ayudando a otras células (como las células B, las fabricantes de armas de largo alcance, o anticuerpos). Cuando pasa la amenaza, muchas de estas células reciben el rango de oficiales de memoria, y se quedan circulando en el organismo mucho tiempo. Estos oficiales son expertos en un tipo de invasor específico, por ejemplo, expertos en varicela. Esto quiere decir que, durante un simulacro, los rangos de oficiales de memoria son entregados, aunque no exista la enfermedad y, en caso de amenaza real, estos oficiales estarán realmente preparados para dar muerte a los extraños.

Desde que se empezó con la vacunación, distintas enfermedades infecciosas, y muy temidas en el pasado (y recordemos de nuevo que no nos estamos refiriendo a la época de la Inquisión), han pasado a ser “enfermedades residuales” o “leyendas” de las que mucha gente sólo ha oído hablar, pero nunca han visto un caso.

Casualmente, este fenómeno de desestimación de las enfermedades, ha llevado en algunos países a la creación de movimientos que abogan por la no vacunación, cuyas razones son múltiples y no están apoyadas por la comunidad científica, ni siquiera por estudios independientes (libres de financiación de empresas privadas, por ejemplo). Estos movimientos, los cuales no están demasiado extendidos por nuestro país, han llevado en más de una ocasión a brotes epidémicos en los que la enfermedad se ha expandido rápidamente entre la población (generalmente niños), causando alguna que otra muerte (evitable).

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Desde la SEI quisimos atacar los principales mitos que circulan en torno a la vacunación y, de paso, explicar muy rápidamente cómo funciona este importante proceso.

Por supuesto, no queríamos dejar pasar en este blog que, al igual que todos los medicamentos, las vacunas pueden presentar algunos efectos secundarios. Entre ellos, los más comunes son enrojecimiento de la zona de inyección, cansancio o fatiga (asociado a ese simulacro). En algunos casos más graves se puede producir la propia enfermedad (cuando se usan vacunas vivas “atontadas”) aunque, por suerte, no producen unos síntomas tan graves como la enfermedad real. En otras ocasiones, las vacunas pueden producir otros efectos secundarios pero, en cuanto son reportados, o en cuanto se saben que pueden suponer un peligro para la población, son retiradas inmediatamente del mercado y una nueva vacuna comienza a desarrollarse.

En resumen, la vacunación ha supuesto un antes y un después en el tratamiento de enfermedades muy peligrosas y nos ha permitido evitar muchas muertes asociadas a estas patologías.

Así que nuestro mensaje para casa: las vacunas son seguras y nos permitirán “simular” una enfermedad para, en caso de que nos encontremos con ella, “salir de rositas” y no perder ni uno de nuestros preciados días.